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lunes, 12 de diciembre de 2011

Everest Trail Race


Hoy os escribo un artículo más largo de lo que acostumbro y es para describiros la última experiencia viajera. Como quien dice, todavía estoy ubicándome de nuevo después de un breve, pero bien aprovechado viaje a Nepal. Esta vez he tenido el placer de guiar a un grupo de personas que seguían como supporters a los participantes de la primera Everest Trail Race, la mayoría esposas, parientes o amigas y amigos de los corredores.

Swayambhunath
Como siempre, Nepal nos ha acogido con todos sus problemas y carencias, pero sobre todo con la cordialidad de su gente y con los soberbios paisajes de las montañas del Himalaya. Uno de los principales inconvenientes ha sido la climatología. Cuando, en teoría, a finales de otoño los cielos nepalíes deberían haber estado limpios y diáfanos, y de un azul intenso, nos hemos encontrado con mucho frío y todo cubierto, incluso con precipitaciones de lluvia y nieve.

Ya el primer susto lo tuvimos cuando el avión con el que teníamos que aterrizar en Katmandú, después de dar vueltas y vueltas sobre la vertical del aeropuerto, tuvo que dirigirse a Calcuta (India) para poder repostar combustible. Bastantes horas más tarde existieron un mínimo de condiciones para poder volver a los cielos de Katmandú y también con dudas, esperando un hueco en las nubes encontrar las condiciones que permitieran el aterrizaje cosa que hicimos ya muy entrada la tarde. El otro y grave problema derivado del mal tiempo fue que el día que teníamos que volar desde la capital hasta Lukla, donde comienza y termina el trekking del Campo Base del Everest, el aeropuerto estuvo cerrado durante más de cinco días por falta de visibilidad,. Esto significa mucha gente esperando para poder volar hasta Lukla y lo mismo ocurre para regresar a Katmandú. La única solución es poder alquilar un helicóptero y cruzar los dedos, esperando que te pueda dejar en algún lugar muy cerca del lugar donde comienza el trekking. Y esta fue la opción que tuvimos que elegir después de pasar un día entero en la desguazada sala de espera de vuelos domésticos de Katmandú.

Un viaje a Nepal requiere como mínimo una cuidadosa visita al valle de Katmandú, en especial cuando se va por primera vez. Dado que nuestro viaje estaba un poco limitado en tiempo, nos dedicarnos sólo a recorrer algunos de los mejores y más representativos lugares de la capital y su entorno.

La Puja en Pashupatinath
Para poder tener una idea global de la cultura del país visitamos el templo de Swayambhunath (también conocido como templo de los monos, por la gran cantidad de macacos que lo habitan) y así disfrutar de un monumento budista de calidad. Girando los molinos de oración entorno a la gran stupa (monumento budista con la representación de los ojos de Buda mirando a los cuatro puntos cardinales) que corona el templo. La visión hinduista la apreciamos al acercarnos al templo de Pashupatinath, junto al río sagrado Bagmati.
En el templo del Mono Dorado de Patan
En este templo dedicado a Shiva tuvimos el privilegio de ser los únicos turistas en la celebración de la puja (adoración de una deidad, en lengua sánscrita). Otros momentos claves fueron los recorridos por la Durbar Square de Katmandú, observando el conjunto de templos y palacios, la interesante visión de la única diosa viviente del mundo, la Kumari, a la que pudimos ver unos instantes, pero no fotografiar pues está prohibido. Cerca de esta plaza todavía queda uno de los últimos vestigios de la época en que los hippies llegaban aquí para fumar tanta marihuana como podían; de aquellos años sesenta del pasado siglo ya sólo queda la calle Freak Street, donde antaño había pastelerías que elaboraban fabulosos pasteles de ganja (cannabis). Al sur de la capital se encuentra la población de Patan, donde el viajero apenas tiene ojos para admirar la cantidad de templos que hay en el entorno de su Durbar Square. Como tantos otros turistas quedamos fascinados de tanta y tanta construcción excepcional, donde cada edificio, templo, pagoda o fuente están cargados de detalles. En Patan, una de las metas es el templo Dorado, también llamado del Mono Dorado, y evidentemente allí fuimos para inmortalizarlo en nuestras fotos. Capítulo importante es el de las compras en el barrio de Thamel, así como la degustación de la cocina local en varios de sus peculiares restaurantes.

Tal como he explicado antes, el trekking lo teníamos que iniciar en Lukla, pero la climatología hizo que empezáramos el poblado de Surke (2.290 metros), lugar donde, tras más peripecias y en tres vuelos diferentes aterrizaron los helicópteros en un pequeño descampado. Bajo un cielo de plomo, pudimos recorrer el camino que nos separaba de Phakding (2610 m), donde llegábamos de noche. Caminar a oscuras es inusual en los trekkings, pero en este caso teníamos que quemar etapas si queríamos cumplir con el programa, ya que uno de los objetivos del viaje era coincidir en el final de una de las etapas del Everest Trail Race, y sobre todo estar presentes el día en que finalizaba la carrera.

En días sucesivos ya en plena la región del Solu-Khumbu, seguimos por el valle del río Dudh Koshi, asentando los pies en los mismos caminos que habían pisado Tenzing y Hillary en 1953 cuando se dirigían a conquistar el Everest. Circunvalamos muchos manis (piedras grabadas con el mantra Om Mani Padme Hum), siempre por la izquierda, tal como se hace en estas tierras, y cuando encontrábamos algún molino de oración lo hacíamos rodar con fuerza. Las comidas y el sueño quedaban solucionados aprovechando la red de lodges, alojamientos básicos que se encuentran en todo de este valle. En Monjo nuestros sherpas hicieron los trámites para poder entrar en el Parque Nacional del Sagarmatha, zona de protección hoy en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Manis, piedras de oración

Puente Larja Dodham
Namche Bazar (3450 m), considerada capital del pueblo sherpa es punto obligado de descanso y sobre todo un buen lugar para aclimatarse. Hoy, tiendas de todo tipo y gran cantidad de lodges están transformando poco a poco el mítico enclave en la ruta hacia el Everest en un centro turístico de primer orden. Para llegar hasta aquí tuvimos que cruzar varias veces el DudhKoshi, siempre por puentes colgantes, alguno de ellos verdaderamente espectacular, como el Larja Dodham, que permite salvar un desfiladero a muchos metros por encima del río.
Namche Bazar

El Everest
En nuestro corto periplo, la etapa reina, de hecho dos etapas unidas (forzada por el retraso acumulado), fue la que salía de Namche para subir hasta el mirador de Hillary, seguir hacia el pueblo de Khumjung (3.780 m), ir hasta el bonito poblado de Khunde (3840 m) y bajar a continuación de nuevo hacia Namche, para seguir el descenso hasta Monjo (2840 m).
Esta larga jornada, en la que hay que superar fuertes desniveles tanto de subida como de bajada, el premio está asegurado si el tiempo es claro. Y esta vez los dioses y dehesas del Himalaya nos recompensaron (tal vez al mover tantos molinillos de oración funcionó). La visión de toda una serie de grandes montañas nevadas nos dejó sin aliento. Las modestas cumbres de seis mil nos parecían gigantescas, así el Thamserku (6608 m), el Kangtega (6685 m), el Parchamo (6273 m) o el mismo Thyangmoche (6.500 m) nos maravillaron con sus glaciares colgantes o la fina silueta de las crestas. Pero si nos cautivó una cumbre, esta fue la del Ama Dablam (6.856 m) montaña considerada como una de las más bellas de la tierra. Y si nos habíamos impresionado con estos "modestas" cimas, ver en directo la pirámide del Everest (8.848 m) sobresaliendo detrás de la pared del Lhotse (8.414 m) nos hizo enmudecer. Cuando uno quiere describir el alineamiento de este colosos nevados, es cuando uno se da cuenta que le faltan palabras. La sensación de grandiosidad supera cualquier palabra o vocablo que pueda narrar con fidelidad el espectáculo, hay que ir allí, si no lo veis es imposible haceros una idea aproximada de lo que es.
El Ama Dablam visto desde Khumjung

En el gompa (monasterio budista) de Khumjung tuvimos la oportunidad de ver el único vestigio que queda del yeti. Conservado en una vitrina de cristal, y dentro de una caja fuerte, se guarda el cuero cabelludo que se atribuye al hombre de las nieves. Habrá quien se lo crea y quien pueda pensar que es pelo de yak, en todo caso es una evidencia que en aquellas altas tierras la gente sigue creyendo en la existencia del abominable yeti.

Agotados después de la larga etapa llegamos a Monjo con el tiempo justo de ver llegar a meta de la cuarta etapa los corredores del Everest Trail Race. Y nosotros que nos sentimos cansados, ¿qué hemos pensar de estos súper-atletas, hombres y mujeres, que se han aventurado a seguir el exigente itinerario de la carrera de montaña. Son 25.000 metros de desniveles continuados durante 160 km y que se deben salvar en sólo seis días, cargados con el equipaje que debe hacerlos autosuficientes durante el recorrido de la carrera. Si me faltaban palabras para describir el paisaje, tampoco las tengo para hacer un retrato de los deportistas con los que tenemos ocasión de convivir durante unas horas. Son gente especial, con un espíritu de superación increíble y que pese a estar en plena competición mantienen un fair-play envidiable.
Salida de la quinta etapa de la Everest Trail Race
Una nueva etapa nos llevó primero hasta Cheplung (2678 m), donde se inicia la ascensión hacia Lukla (2.840 m) destino final de la jornada. En esta población es donde al día siguiente finalizaba el Everest Trail Race y todos nosotros estábamos ansiosos por estar presentes en la llegada. Así, con la tensión de la espera dedicamos las horas a observar cómo aterrizaban los aviones en el aeropuerto Tenzing-Hillary de Lukla. De hecho la población ha crecido en torno a la precaria pista, considerada una de las más peligrosas del mundo (hay quien dice que es el aeropuerto de más difícil aterrizaje de todos), el asfalto sólo tiene 460 metros de largo, pero hay que aclarar que no es plana, sino que hace una acusada pendiente y por un extremo termina con una montaña y por el otro con un profundo precipicio.
La meta de la ETR en Lukla

El epílogo del viaje, además de la aventura de volar desde Lukla a Katmandú, fue presenciar la llegada de la imponente carrera del Himalaya. Muchos de los espectadores podían pensar que veríamos llegar a un grupo de atletas exhaustos, reventados de tanta subida y bajada y después de tantos kilómetros. La admiración hacia estas personas aumentó cuando pude ver, como uno a uno, se aproximaban corriendo por la cuesta que lleva a Lukla, e iban cruzando la meta con una amplia sonrisa. Es evidente que la clasificación importa, no en vano se trata de una carrera (os adjunto el enlace de los resultados: ETR), pero lo que más me sorprendió es el compañerismo entre participantes, difícil de encontrar en otros deportes. Otra aspecto que vale la pena destacar, es que toda la gente que formaba parte de la organización de la carrera eran voluntarios, desde los médicos a los cronometradores y las personas que se cuidaban de los controles y avituallamientos. Poco puedo añadir para narrar la alegría de las personas que me acompañaron durante el trekking, cuando veían a sus maridos, amigos y amigas, en el momento de cruzar la llegada de una carrera como esta. Y después de oír los comentarios de los participantes en la ETR, alabando la perfecta organización, a pesar de los inconvenientes de la meteorología, sólo me queda que animaros a participar en la edición del 2012.

lunes, 17 de octubre de 2011

MUZTAG ATA, el padre de las montañas de hielo


Un día me enamoré de una montaña. Fue un amor a primera vista, y con el tiempo mi estima hacia ella se vio recompensada.
El Muztag Ata
Corría el ya lejano 1988, hacía poco más de un año que se había abierto el tráfico la que ahora es la mítica Karakorum Highway, una sinuosa carretera que sube desde Pakistán siguiendo el valle del río Indo hacia el Khunjerab Pass (4901 m), frontera con China. De bajada hacia Kashgar, ya en el Xinjiang chino, una averia en el destartalado autobús de línea nos tuvo a todo el pasaje durante varias horas al sol. Justo ante nosotros se alzaba una montaña colosal, preciosa, atrayente. Observando sus vertientes nevadas iba trazando una imaginaria vía de ascenso y la correspondiente bajada. Al llegar a Kashgar, después de muchas peripecias conseguía un permiso para poder subir el año siguiente a aquella montaña que me había encantado: el Muztag Ata. Así, en julio de 1989 un numeroso grupo de amigos hicimos el peregrinaje a través de Pakistán y con éxito subimos y bajamos esquiando esa ansiada cima. El triunfo fue total: de dieciocho expedicionarios diecisiete en la cumbre, dos chicas conseguían el récord español femenino de altura y además colaboramos en el rescate de un austríaco que se había perdido, lo encontramos en una grieta y pudo salvar la vida.


El Khunjerab Pass

Cerca del Muztag Ata
La experiencia me cautivó tanto que al año siguiente repetía, esta vez como guía para la agencia de viajes Muztag, subiendo de nuevo a la cima con unos catalanes, una pareja de vascos y dos andaluzas. Y por si aún no tuviera bastante, el año 1991 rehacía la Karakorum Highway, esta vez en bicicleta, junto a un grupo de ciclistas y acompañando a un grupo de Televisión Española que filmaba un programa que se llamaba "Alatul". La expedición ciclista también estaba organizada por Muztag Viajes. La atracción del Muztag Ata era tanta que habíamos planeado subir hasta el campo base, y así lo hicimos, aunque hay que decir que el esfuerzo para llegar con las bicis hasta los 4.420 m de altura fue considerable.
Hacia el campo base

¿Qué, cómo y cuándo?
Desierto y glaciar
El Muztag Ata, Muztagh Ata o Muztagata de 7.546 metros es el tercer pico en altura del Kun Lun. El Kun Lun es una de las grandes cordilleras asiáticas, con casi 2.500 km de longitud (el Pirineo, de Hendaya el cabo de Creus tiene 432 km). La cima más alta es el Kongur, con 7.723 m y le sigue el Kongur-Tiube de 7595 m. Esta larguísima cadena montañosa casi rodea por el noroeste la meseta tibetana y la aísla del desierto de Taklamakan. En su extremo sur se junta con la cordillera del Karakorum y en el extremo más occidental confluye con las montañas del Pamir. Justo aquí, cuando se divisan las sierras del Pamir a poniente es donde se encuentra el Muztag Ata. Por carretera está 235 km al sur de Kasghar, en plena Ruta de la Seda. El nombre Muztag Ata significa en la lengua uigur "padre de las montañas de hielo".

Subiendo al campo I
El Muztag Ata está formado por dos montañas divididas por un profundo corte. Esta forma se explica a partir de una antigua leyenda: "Una hermosa princesa se enamoró del príncipe de las nieves, que habitaba en la cima del Qogir (el K2). Los embelesados ​​amantes se citaban en el Muztag Ata, pero un día, el padre del chico, que desaprobaba el romance, cogió un palo y de un fuerte golpe en la montaña la separó en dos cumbres y cada amante se quedó en uno de ellos. Desde ese momento la princesa no cesó de llorar y las lágrimas que derramó se convirtieron en la nieve que cubre de manera perpetua la montaña y en los glaciares que bajan por las laderas y se internan en el desierto".
Campo I

Hacia el campo II

Campo II
Por sus características, con pocas pendientes acusadas y obstáculos rocosos, el Muztag Ata es la mejor montaña del mundo superior a los 7.500 m para la práctica del esquí de travesía. Los deportistas pueden bajar esquiando desde la misma cima hasta donde termina la nieve. Otra manera práctica de ascender a ella es con raquetas. Las problemáticas que se presentan a los alpinistas se ciñen a los efectos de la altura, los peligros de las grietas ocultas y la aparición repentina de niebla. Los peores accidentes se han dado por malas condiciones de visibilidad y algunos alpinistas se han perdido en las anchas vertientes cercanas a la cumbre.

El autor en la cumbre del Muztag Ata

Bajando desde 7.546 m
La mejor época para afrontar la ascensión es entre mediados de julio y finales de agosto. La estrategia del ataque debe ir en función de si se sube a pie y raquetas o con esquís. Las personas bien entrenadas y aclimatadas, si ascienden con esquís pueden limitar la subida a dos campos de altura: un primer campo situado a 5.560 m y el segundo sobre los 6.600 m (no hay problemas de espacio donde poner las tiendas). Los que suban con raquetas lo más conveniente es instalar un primer campo donde empieza la nieve perpetua (aprox. 5.430 m), un segundo campo a 6.200 m y un último emplazamiento a unos 6.750 m. De todas formas lo más importante es disponer del máximo de días para la aclimatación y algún día más de reserva por si hubiera mal tiempo. Los programas que se ofrecen a veces son demasiado cortos y fuerzan a los alpinistas a quemar etapas, provocando que no siempre se consiga la aclimatación necesaria -hay que recordar que la cumbre, pese a ser fácil, está por encima de los 7.500 m-. Mejor pagar unos pocos euros de más por unos días adicionales, aunque en el mejor caso uno se adapte bien a la altura y no haya tormentas y luego tenga que desperdiciar estas jornadas en el campo base, a que no se consiga la cumbre por ajustar demasiado las etapas y subir mal aclimatado.

Descenso en la zona de grietas
El mercado de Kashgar
Y con la cima en el bolsillo, la mejor manera de celebrarlo es irse a Kashgar y disfrutar del espectáculo del mercado semanal de los sábados. Quizás, caminado entre los camellos, cabras, caballos, puestos de comida y de ropa, uno se sienta un poco transportado en los tiempos en que la Ruta de la Seda era la principal vía comercial del planeta.

lunes, 10 de octubre de 2011

Armenia, arquitectura religiosa

Después de un largo paréntesis, mitad veraniego mitad otoñal,  puesto que para escribir sobre viajes se impone de vez en cuando viajar, reemprendo la labor de publicar de manera regular nuevos post en el blog. Esta vez os presento una región de nuestro pequeño gran mundo de la que apenas se habla en nuestros medios de comunicación. 

A caballo entre el continente europeo y el asiático se halla un pequeño país. Ese territorio, con un gran bagaje cultural y una rica historia en sus espaldas, es bastante desconocido en España.  Ese país es Armenia.

La superficie actual de Armenia es parecida a la de Galicia, aunque hasta la primera década del pasado siglo su territorio era bastante mayor. La reducción vino después del genocidio a manos turcas de los armenios que poblaban la parte más oriental de Asia Menor (1915 – 1917), hoy zona turca. Los límites actuales son Georgia al norte, Azerbaiyán al este,  Turquía al oeste e Irán por el sur. La altura media ronda los 1.800 m y la montaña más alta, el Aragats, alcanza los 4.095 metros. La población ronda los 3.250.000 habitantes, a ese número habría que añadir una cantidad considerable de armenios que viven en el extranjero. La República de Armenia consiguió su independencia en 1991, con la disolución de la Unión Soviética; más atrás había conquistado una primera independencia tras librarse del yugo zarista y de la otomana en el año 1918. Pero dejemos la geografía y centrémonos en el propósito del post: la arquitectura de algunos monasterios e iglesias de estilo bizantino – armenio, construidos en la edad media y que han sido merecedores de figurar en la selecta lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

¿Quién no ha quedado extasiado contemplando la tranquila belleza, austeridad y armonía de alguno de los templos y ermitas de estilo románico que pueblan nuestro país? Seguro que las personas que tengan el privilegio de visitar Armenia van a quedar igualmente boquiabiertas ante su arquitectura y de ella voy explicar sus principales edificios.

El monasterio de Haghpat se halla en la provincia de Lorri, en el extremo norte del país. Fue construido a finales del siglo X y sufrió algunas transformaciones en el XII y XIII. Es un ejemplo de edificación estructurada a partir de una cúpula central sustentada por cuatro gruesos pilares macizos, muy tradicional en la arquitectura autóctona. En el ábside se conserva un fresco con la representación del Pantocrator. La iglesia queda unida a través de un pasaje abovedado a una sala capitular, obra  del siglo XIII. Uno de los elementos más característicos armenios es el gavit (nártex) que da acceso a la iglesia. También es destacable el edificio de planta cuadrada que alberga la biblioteca, datada en el siglo XII.

En la misma provincia de Lorri se alza el complejo monástico de Sanahin. Un conjunto de edificios enlazados se eleva destacando en el paisaje. De estos edificios el principal corresponde a la catedral del Redentor, obra del siglo X. De nuevo aquí se encuentra la solución arquitectónica de la cúpula central circular sobre una base cuadrada, la cual da sentido a la cruz de la base y forma cuatro capillas de dos pisos. La iluminación se consigue a través de una abertura en la cúpula. La iglesia de la Madre de Dios se halla al norte de la catedral, y ambas están unidas por un pasaje abovedado. Este es edificio más antiguo del conjunto monacal (930–940) y fue obra de monjes que habían escapado de Bizancio. La planta es en forma de cruz y cuatro capillas acopladas. Otro edificio singular es el scriptorioum (biblioteca), obra del año 1063. Un gavit da acceso a una sala de planta cuadrada con bóveda sustentada por columnas adosadas. Varios nichos indican los espacios donde se guardaban los códices que se escribían y dibujaban aquí. Justo al lado de la biblioteca se encuentra una pequeña capilla dedicada a san Gregorio; la curiosidad del pequeño edificio son los cuatro ábsides que rodean la cúpula central. Multitud de detalles como el campanario, el espacio dedicado a escuela o los llamativos relieves esculpidos de las fachadas, acaban por redondear la sobria belleza del monasterio.

En la provincia de Kotayk, al nordeste de Erevan, la capital armenia, se alza uno de los complejos más llamativos del país: el monasterio de Geghard. Si los conjuntos de Sanahin y Haghpat dejan al visitante fascinado, Geghard supera las expectativas. En la ladera de un valle y rodeado por un agreste paisaje montañoso encontramos el enclave que escogieron los primeros cristianos armenios. En el siglo IV, según la tradición de la mano de san Gregorio, se creó un santuario en una caverna, acogiendo un manantial considerado sagrado. Entorno a la cueva se alzaron edificios monásticos pero todo fue destruido por los árabes en el siglo IX. A finales del siglo XII empezaron las obras para construir un nuevo monasterio y al igual que el primigenio se levantaron edificios y a la vez se aprovecharon las cuevas del lugar para transformarlas en iglesias. Precisamente el carácter troglodítico de buena parte del monasterio es lo que le da una especial personalidad. Pero el principal valor de Geghard, fue el que en su interior se guardaba la lanza de la Pasión (Geghard significa lanza). Tan valiosa reliquia fue llevada hasta el santuario por san Judas Tadeo –hoy, la lanza se custodia en la catedral de Echmiadzin-. A parte de otras reliquias importantes, como las de los santos Andrés y Juan, tienen mucha relevancia las tumbas de varios príncipes armenios. La capilla de san Gregorio, toda ella rupestre, es la más antigua que se conserva, está fechada en 1177.
La iglesia principal, excavada en 1215, mantiene los trazos de la arquitectura tradicional, con elementos de origen autóctono y otros heredados del arte bizantino. Se repite la fórmula de la cruz delimitada por un cuadrado y las cuatro recias columnas que sostienen la cúpula. El nártex también está presente en la obra. Destacables son las cruces labradas en la roca y algunos relieves del interior.

En Vagharshapat, unos 20 km al oeste de Ereván, se encuentra la catedral y las iglesias de Echmiadzin, el lugar más venerado de toda Armenia. La construcción del edificio principal se construyó entre los años 301 y 303, obra de san Gregorio, y está considerada como la primera catedral –basílica del cristianismo (San Juan de Letrán en Roma se construyó entre el 313 y el 320). Tal como la vemos hoy en día es una renovación que se remonta al año 480. Las soluciones estructurales aportadas por los arquitectos y artesanos de la época fueron innovadoras en el ámbito del arte religioso y durante siglos marcaron una manera de hacer. Cuatro columnas centrales dibujan la forma de cruz y sobre ellas sostienen la cúpula, a la vez que enlazan mediante arcos con las paredes laterales. En el año 618 se añadió una cúpula de piedra y ya en el XVII se edificó la torre de tres pisos que preside la fachada oeste. Ya hemos citado que la catedral guarda la reliquia de la lanza que hirió a Jesucristo, también se salvaguardan una mano de san Gregorio y un trozo de madera que se dice proviene del Arca de Noé. Muy cerca de la catedral se encuentran otras dos iglesias destacables, son la de san Hripsimeh y la de san Gayaneh. Ambos edificios son bellos ejemplos de la arquitectura religiosa armenia de la edad media.

Aquí he citado quizás lo más característico de Armenia, pero esa bella tierra tiene bastantes aspectos que descubrir y uno de ellos es la calidez de los armenios y la hospitalidad que dispensan a los visitantes.


lunes, 8 de agosto de 2011

LA PORTA DEL CEL


Hace pocos días que he terminado el circuito denominado "La Porta del Cel” (la Puerta del Cielo) y todavía me duelen las rodillas, tobillos y dedos de los pies. Será la edad de las articulaciones, pero también la extrema dureza del itinerario. Iba sobre aviso, nos habíamos informado de la belleza y de la exigencia de la ruta. Habíamos estudiado los mapas y reparado en el perfil, pero las adversidades climáticas han sido algo por encima de las previsiones. El recorrido es por la comarca catalana del Pallars Sobirà y el Ariège francés, enlazando cinco etapas que suman una distancia aproximada de 63 km y un desnivel de 5.565 metros.

Los cinco que íbamos, cuatro hombres y una mujer, nos habíamos propuesto realizar el itinerario completo, esto significa pasar por todos los refugios y subir a las cumbres del Certascan y la Pica d'Estats.
Una vez en Tavascan nos acercamos en coche hasta el camping de Graus para acabar de formalizar el boletín que tendremos que ir marcando durante la marcha. Regresamos a Tavascan a dejar el vehículo y ya a pie remontamos de nuevo hasta el camping de Graus (así evitamos andar este tramo el último día de marcha). Es un recorrido corto: 4,2 km, entre las cotas 1.108 my 1.360 m, con un desnivel positivo de 290 my 50 m negativos. Nos lleva 1 hora y 15 minutos. Aprovechamos las instalaciones de Grados para cenar y dormir. La noche ha pasado con lluvia constante, pero al salir parece que el cielo quiere abrirse - quizás un buen augurio del nombre de “la Porta” -.

Cuando llegamos a la altura de las cabañas de Noarre (1.589 m) comienza la lluvia. ¡Anda! a taparnos con esos chubasqueros que te hacen sudar y sobre todo entorpecer demasiadas veces - "¿como lo hacía mosén Cinto con la sotana?" - Cruzamos bosques y lagos, siempre subiendo, pasando por zonas donde hoy en día se ha reintroducido el oso pardo, animal que no veremos pues es esquivo a más no poder. Después de mucha humedad conseguimos alcanzar el collado de Certascan (2.590 m). Buscamos un hueco en las rocas y como bien podemos escondemos las mochilas, pues no queremos cargarlas hasta la cima. Antes de coronar nos encontramos con un austriaco, justo parado ante un paso de roca expuesto y que lo hace dudar. Con la piedra mojada y resbaladiza como está, el chico parece que no se lo veía claro. Dos del grupo pasan por allí mientras que otros optamos por ir a buscar la arista, es más aérea pero tiene buenos agarraderos. Al fin, los 2.854 metros del Certascan los hemos alcanzado sin poder ver que hay a nuestros pies. Sabemos que muchos metros por debajo debe estar el lago Certascan, el mayor de los lagos naturales del Pirineo. Cada vez más empapados regresamos al collado, des de allí al refugio se hace corto, todo bajada y llano, el problema es que el camino se ha convertido en un arroyo más y el chip-chap parece que estemos practicando un deporte acuático. Por suerte el refugio Certascan está casi vacío, lo que nos permite hacer un tendido de ropa para secarla. En vista de la situación decidimos que si al día siguiente sigue lloviendo abandonaremos la ruta. La jornada ha sido de seis horas y media de marcha, la mayoría bajo la lluvia, con un recorrido de 12,5 km y un desnivel positivo de 1.500 my 620 m negativos. El refugio está en la cota 2.240.

Como el día se levanta con claros decidimos seguir con la Porta del Cel. El austriaco se ha añadido a nosotros. Para esta tercera etapa, si leemos la altimetría parece plana pues salimos y llegamos a la misma cota, pero en la letra pequeña está la trampa: 1.350 m en positivo y los mismos en negativo, todo en 13,3 km de recorrido. El camino es perdedor sobre todo en caso de niebla, en algunos tramos de la parte francesa no hay marcas de pintura y como los caminos aún están poco frecuentados ​​lo más seguro es utilizar el GPS. Durante la primera hora de marcha incluso se deja ver alguna ojeada de sol que nos permite ver iluminado el bonito lago Romedo de Dalt con su isla. Justo pasar este lago que empieza a diluviar. Entramos en Francia por el puerto de la Artiga (2.474 m) y los caminos, de nuevo convertidos en ríos, más que verlos los intuimos. Ya cerca del refugio de Pinet necesitamos cruzar un torrente que baja muy caudaloso, lo pasamos con el agua hasta las rodillas, sin quitarnos las botas, no vale la pena ya están suficientemente mojadas. Y antes de llegar al refugio aún se esconde una trampa: un tramo vertical de roca de unos seis metros, que se supera con la ayuda de un cable. Si el paso estuviera seco seguramente presentaría poco problema, pero en las condiciones de agua hay que tener cuidado en no resbalar. Suerte que en el refugio Pinet tampoco hay demasiada gente y de nuevo hacemos el tendido para secar todo. La etapa nos ha comportado 8 horas 45 minutos.
¡Y la cuarta jornada nos recibe de nuevo con lluvia! En el refugio Pinet nadie se mueve, pero a nosotros no nos queda otra alternativa que seguir hacia el sur caminando o bien dar un paseo turístico por Francia a base de taxis hasta llegar a Tavascan, lo que nos podría costar un ojo de la cara. De nuevo bajo los chubasqueros subimos hacia el collado del Montcalm (2.998 m). Ahora la ventaja es que el camino está muy bien marcado y discurre siempre hacia arriba, sin tregua. Cerca de la cima de la Pica d'Estats la lluvia se convierte en nieve, y así llegamos al punto más alto de la travesía, a 3.143 m, que también es la máxima cota de Cataluña. Subiendo el puerto de Sotllo (2.876 m) el tiempo da un giro, las nubes se rasgan y aparece el sol, el sol de verdad. Por fin podemos admirar el paisaje que nos rodea, con la panorámica de los lagos de Estats y Sotllo a nuestros pies. Una larga bajada y nueve horas después de haber salido de Pinet entramos al refugio Vallferrera (1.905 m). En la etapa hemos subido 1.110 y bajado 1.400 m, en un recorrido de 13,5 km.

Con un día muy claro nos toca el remate final: el camino hasta Tavascan. Pero no es una bajada directa. Si bien primero parece que el camino tira hacia abajo (llegamos hasta la cota 1.768) pronto la tónica cambia y la ruta sube a buscar el lago de Baborte (2342 m) y el collado de Sallente (2.488 m). Pasados

estos idílicos lugares de nuevo toca bajada para enlazar con otra ascensión, esta vez en el collado de la Laguna (2596 m) y casi sin pausa seguir la cresta que nos lleva al último vértice de la Porta del Cel, la Roca Cigalera ( 2.668 m). De lejos esta cumbre parece insignificante y poco esbelta, pero una vez estamos arriba comprendemos el por qué hacen pasar la ruta por este punto. Desde aquí se disfruta de una panorámica que permite ver todas las cumbres que hemos subido y un poco más lejos se divisan las montañas que conforman el Parque Nacional de Sant Maurici y Aigües Tortes, por donde el año pasado disfrutamos tanto de la travesía de los “Carros de Foc” (a nuestro entender mucho más asequible que la Porta del Cel). Y ahora ya no queda más que una interminable bajada hasta Tavascan. Esta última etapa que parecía poco pasa por los datos a ser una de las más duras: ¡1.315 m positivos y 2.100 m negativos!, Además 20,3 km de recorrido en ocho horas. Nuestros doloridos pies lo testimonian bien. Y ahora a pensar cuál será la próxima caminata, lo que es seguro es que intentaremos que no sea tan dura.
Lo más positivo es que las cosas que más cuestan de conseguir más se aprecian y nuestra Porta del Cel, con tanta lluvia, se nos ha puesto ciertamente difícil, pero como lo hemos disfrutado - y pensar que hay personas superentrenadas que hacen el recorrido non stop y por debajo de las doce horas -.